HABSBURGO: EL LADO B DE LA HISTORIA

 

a más reciente novela del escritor mexicano Omar Delgado (Ciudad de México, 1975) nos presenta una nueva versión sobre la disputa que sostuvieron durante el siglo XIX el archiduque austriaco Maximiliano de Habsburgo, impuesto como emperador por el Partido Conservador, y el presidente Benito Juárez, cabeza del otrora Partido Liberal. Una disputa que marcaría, como todos sabemos, el destino de nuestro país.

Omar Delgado centra esta disputa en una sola noche que decidirá el futuro del mundo entero y no solo el de los mexicanos. El archiduque Maximiliano, el segundo heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, es un católico practicante que, sin embargo, forma parte de una logia secreta que busca conocer los secretos de la vida después de la muerte; el presidente Juárez, por su parte, es heredero de una larga tradición de chamanes del culto al dios murciélago, Baxi Va, el poderoso dios de la noche, el que desgarra cabezas.

Estamos ante una disputa entre diferentes fuerzas de la oscuridad: unas que buscan romper la frontera que divide la muerte de la vida, y otras que buscan preservar el débil equilibrio entre esos dos mundos tan distintos. Una encarnada por el fallecido archiduque, que mediante sus conocimientos mágicos busca regresar de la muerte, acompañado de un ejército de hombres muertos en las constantes guerras civiles que empañaron a nuestro país a lo largo de la primera mitad del siglo XIX. La otra fuerza, la encabezada por Juárez conjuga los poderes y los saberes mágicos de nuestra tradición indígena, y que luchan por preservar el equilibrio cósmico. Es así como Habsburgo, novela publicada por Editorial Resistencia e ilustrada por el monero e ilustrador mexicano Luis Fernando, retoma así este hecho histórico, real, para convertirlo en una brillante y muy bien lograda novela fantástica, que nos cuenta la noche que Juárez pasa junto al cadáver de Maximiliano antes de que este sea embarcado a Europa. Una noche que cambiaría el mundo.

Omar Delgado, también autor de las novelas Ellos nos cuidan (2005), El caballero del desierto (2011), con la que ganó el VII Premio de Narrativa Siglo XXI, y el libro de cuentos Borderline raza nos cuenta más sobre su más reciente trabajo.

El siglo XIX mexicano aún parece estar lleno de sorpresas y de claroscuros, pero quería preguntarte, ¿qué te llevó a interesarte en esa noche en específico en la que Juárez se queda a solas con el cadáver de Maximiliano?

Ese momento de la historia mexicana es fascinante, cuando México se consolida como nación moderna. Fue un bautizo de sangre que le otorgó a México la mayoría de edad, pero además todas las circunstancias que hubo alrededor del fusilamiento de Maximiliano conforman una enorme tragedia, porque tenemos por un lado a un hombre bien intencionado, que llega a un lugar que no era el que le habían dicho los conservadores y que al final resulta vencido y abandonado por su otrora aliado. En esta lógica de guerra resulta ser una muerte trágica. Por otro lado siempre he sido un amante del lado B de la historia, el lado humano de los próceres, de las figuras históricas. Además hay dos cosas que le pasaron a Maximiliano después de muerto: una vez que lo fusilan fue embalsamado de una manera terrible, no había ataúd de su tamaño y entonces decidieron cortarle las piernas; de camino a la Ciudad de México el cadáver se cae a un río, toda una historia rocambolesca que termina cuando se le hace un segundo embalsamamiento en el ex Convento de San Andrés, ahí resguardaron el cuerpo, para dejarlo menos feo de como llegó. Mientras estaban en ese proceso, Juárez decide pasar una noche completa con el cadáver de Maximiliano, y es a partir de este hecho que me pregunté qué hizo toda esa noche Juárez. De ahí surge esta novela, en donde Maximiliano, en su lado B, por llamarlo así, es un brujo miembro de una orden muy antigua capaz de regresar de la muerte mientras que Juárez es heredero de una saga de chamanes zapotecas que tiene como misión ancestral contener a este hombre que traería junto a él a todo el inframundo.

La disputa histórica se transforma entonces en una disputa de fuerzas sobrenaturales: fantasía que utiliza los escenarios reales, históricos para convertirse en choques de magia oscura y de fuerzas sobrenaturales. La historia real se traslapa para abrirnos otra posibilidad de la historia.

Los políticos fuertes siempre han tenido a su lado, o buscado, el respaldo de alguna tradición mágica, mística. Por ejemplo los liberales mexicanos pertenecieron a alguna logia francmasónica; en Cuba muchos presidentes fueron sacerdotes santeros. Toda esta cuestión que se teje entre el poder y el misticismo me ha llamado mucho la atención, pareciera que para algunas personas el poder terrenal siempre debe tener esa concordancia o ese eco con fuerzas que van más allá de nuestra comprensión.

Mencionaste a los masones y manejas esa simbología, que me hace pensar en que estos hombres decían que eran racionales pero aun así creían o utilizaban o seguían toda esa tradición mágica-simbólica.

Por un lado está el barniz de la razón, el barniz del progreso, del positivismo, pero debajo de este subyace un sustrato profundamente místico, y no solo con los liberales del siglo XIX y la masonería —el mismo Madero era un profundo creyente del espiritismo y la Revolución de 1910 fue llevada a cabo por espiritistas—, y a mí me gustó mucho jugar con eso, pero hay que decir que aún ahora nos enteramos de que los políticos son seguidores de cual o tal creencia, lo que nos da un ejemplo de que todo este lado b de la política, su lado extraterreno, es muy interesante.

Maximiliano era un príncipe europeo, puro, descendiente de los Habsburgo y fue por todas esas razones que los conservadores lo trajeron. Representaba la civilización contra la barbarie. Pero en tu novela, el Habsburgo también era un creyente de las fuerzas oscuras y de la magia, así que en realidad le das una vuelta de tuerca a la figura del civilizado.

Maximiliano fue un personaje bastante particular porque era el segundo heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro y al que su hermano, Francisco José, siempre intentó mantenerlo alejado del trono, del poder. Primero lo mandó a Nápoles, una cuestión de oropel más que un cargo de poder real, y después cuando llega la petición de los conservadores mexicanos, encontró la oportunidad de oro para mandar lejos a su hermano, apoyado además por Napoleón III, quien vio la oportunidad de poner un principado europeo en América y mermar el poder que acumulaban los Estados Unidos. Esta guerra entre liberales y conservadores nos deja claro que las guerras son procesos muy complejos porque en realidad los conservadores era una facción que quería el apoyo de Europa para defenderse de los gringos, eran unos patriotas a su manera, pero gana la política, ganan los más hábiles; Juárez era un político muy hábil, muy pragmático, y supongo que toma la decisión de fusilar a Maximiliano porque consideró que era el momento de dejar en claro cuál era el papel de México en el concierto de las naciones, de una manera clara, o continuarían las intentonas de invasión. Maximiliano, además, era descendiente de Carlos V, el gran defensor del catolicismo, por lo que era imposible que fuera masón, porque era heredero al trono, al gran trono cristiano de la época.

La novela está construida a partir de dos líneas narrativas; una es lo que pasa esa noche entre Juárez y Maximiliano, y la otra es lo que pasa en el país en ese momento histórico.

La primera se da justo después del fusilamiento de Maximiliano en Querétaro, cuando se da su primer intento por regresar de la muerte, y en la noche aciaga que te comentaba en el convento de San Andrés —esto lo cuento a través de un testigo privilegiado, el poeta Juan de Dios Peza—, y la construcción del contexto histórico político lo hice a través de una serie de cartas ficticias que me permitieron explicar lo que pasaba con estos dos hombres a partir de ciertas miradas externas, para explicar el proceso que los llevó a confrontarse, como sucede con Miguel Miramón, con Santiago Vidaurri, el gobernador de Nuevo león que intentó traicionar a Juárez, desde el General Juan Nepomuceno Almonte; eso me permite tejer esta cuestión de verosimilitud para sustentar estas dos vertientes narrativas.

El misticismo que envuelve a Juárez también está construido a partir de las creencias mexicanas más arraigadas: el día de muertos, el poder de la magia, por poner solo un par de ejemplos, y de una tradición de chamanes indígenas.

Con Juárez me permití jugar con una verdad histórica ya que es justo durante el proyecto liberal mexicano donde se intentó negar todo el pasado indígena dentro de la identidad mexicana ideal que para ellos era la del mestizo, y Juárez intentó toda su vida encajar dentro de esa identidad, investirse de esa identidad, y no fue el único caso dentro de ese grupo político que sería el que finalmente construiría el México moderno. Entonces jugué con la idea del Juárez que intenta huir de esa identidad que al final termina por alcanzarlo y que él retoma para poder luchar contra el poder de Maximiliano

¿Cómo se dio el proceso de construcción de esta novela?

Fue un proceso bastante breve pues estoy trabajando desde hace un tiempo con una serie de relatos cortos, el formato en el que más me siento cómodo, y que tratan sobre diferentes momentos históricos del país. Esta novela era el relato más acabado, pero entre el proceso de investigación para todos estos relatos llevo tres años trabajando sobre el siglo XIX, así que en términos prácticos escribí Habsburgo en tres meses, gracias a que ya traía todo ese proceso de estudio a cuestas.

¿Cómo se dio la decisión de convertir el relato en una novela gráfica?

La editorial Resistencia tiene la línea de que cualquier libro de narrativa o de poesía sale con un componente gráfico, así que el libro iba a ser ilustrado, pero se dio una coincidencia muy bonita: entre los amigos y colaboradores de Resistencia está Luis Fernando, monero de La Jornada, quien también está muy clavado con la historia, le llega el manuscrito, le encanta y pide ser el ilustrador. Me parece que fue un maridaje muy afortunado entre mi prosa y las ilustraciones de Luis Fernando, una coincidencia magnifica.

La fantasía es un género que parece renovarse en estos últimos años; el mundo editorial le está apostando un poco más a los llamados subgéneros, al género negro mucho más, pero quería preguntarte, ¿qué opinas de este interés de las editoriales por los subgéneros?

Pienso que es un momento muy afortunado porque si uno escribe con calidad, y creo que en estos momentos hay muchos autores de gran calidad que están publicando en México, las editoriales se están abriendo a propuestas literarias que van más allá del canon. Sabemos que el canal editorial tiene una idea, una estética muy establecida y que es difícil que las editoriales cambien o apuesten por cosas distintas. Por suerte también existen nuevos caminos de distribución, y ahí es donde creo que es el gran aporte de esta época, porque hasta hace unos veinte años existía el gran padrino cultural que definía quien podía o quien no podía ser publicado, pero hay mucho más apertura del medio literario, hay interés por parte de los lectores, lo cual también es muy importante. El escritor Rodolfo JM dijo que la literatura fantástica es una herramienta literaria para abordar los temas que queremos tocar; en ese sentido el género negro o la literatura fantástica tienen ciertas características, ciertas herramientas, que cuando un escritor quiere tocar o hablar de algo pueden utilizar, pero que no necesariamente tengan que casarse con este género. Lo que vemos ahora también son autores multigénericos. Creo que el escritor casado con un solo género o con una solo temática está un poco rebasado.

Omar Delgado, Habsburgo. Editorial Resistencia

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