UN BATICUENTO EN ACAPULCO: LA MUJER MURCIÉLAGO

alifica como churro, pero es de los que valen la pena ser vistos. En primer lugar, porque su protagonista, Maura Monti, llena la pantalla; y, en segundo, porque en cuanto raro, resulta entretenido: se trata de una adaptación de la serie de televisión de Batman al cine mexicano de luchadores; pero en vez de un protagonista masculino, la versión femenina de Bruno Díaz. No es un amasijo bizarro de símbolos, sentidos y chatarra cualquiera, sino uno con cierta gracia.

Batman, la serie de televisión estadounidense, se realizó de 1966 a 1968, en tanto que La Mujer Murciélago, dirigida por René Cardona, fue estrenada en 1968. Si bien el referente es obvio y determinante, en su tropicalización no reconoce el menor parentesco o influencia en el personaje original, con una capucha o máscara prácticamente idéntica en forma y color. Nótese, por cierto, la corrección política de la época: la defensa del idioma castellano, por lo que el idóneo Batwoman es sustituido por un muy forzado y horrible Mujer Murciélago.

La tropicalización es literal: lejos de Ciudad Gótica y de tintes urbanos y oscuros, el escenario es Acapulco, aunque no el de turismo chilango en la playa y clavados en la quebrada, sino uno de élite, de atmósfera cosmopolita, el de clubes privados y bulevares lejanos de la costera o la zona hotelera.

El pueblo, o algo parecido a la gente pobre ordinaria, como cuando Tin Tan personificó a un lanchero, no aparece. El vendedor de lotería es un falso ciego, que en realidad es un espía a la orden del malo de la película. Todo en la película es aséptico a cualquier estereotipo de lo costeño mexicano e inclusive de todo rasgo o señas de lo mexicano que no sea la lucha libre.

Acapulco está todavía de moda: es el lugar de la modernidad mexicana, en el que las estrellas de Hollywood fincan sus casas. Es también un buen pretexto para ver a una batichica en todo su esplendor. Su outfit: bikini, botas, guantes, capa y, lo que le da identidad a su personalidad, una capucha o máscara de murciélago, todo en color azul eléctrico satinado. Pero, a diferencia del original, ella no cuenta con adminículos tecnológicos de vanguardia y exclusivos, sino con las habilidades que resultan del entrenamiento deportivo y la práctica en el manejo de armas, además de su inteligencia y determinación para hacer el bien.

El rol luchístico del personaje es la manera en que René Cardona tropicalizó el baticuento. Establece así un puente entre dos narrativas o mitologías: el del universo anglosajón de superhéroes que se enfrentan contra delincuentes poderosos y el de la lucha libre mexicana con sus enmascarados que combaten a entidades diabólicas.

En lo que se refiere al cine de luchadores, se trata de un producto excepcional: no hay una sola lucha en la arena ni hay antagonista (alguna ruda). En realidad, Maura no sabe luchar, por lo que en las escenas en que entrena alguien más interpreta al personaje con un traje tipo mameluco, por el que se evidencia una figura que no corresponde a la suya.

La historia es la de un capítulo ordinario de historieta. Cinco luchadores acapulqueños han sido raptados y asesinados en pocos días. El Servicio Secreto —porque en Acapulco no hay policía judicial o de investigación, sino agencia del Servicio Secreto—, conjuntamente con el Bureau Internacional de Inteligencia (BII), halla relación de estos crímenes con los sucedidos otras partes del mundo, pues en todos los casos les ha sido extraído el líquido de la glándula pineal.

El inspector, jefe de esta corporación policiaca, parece hallar en esta tragedia una gran alegría, con motivo de que el agente especial enviado por el BII decide pasarle su chamba a La Mujer Murciélago, para que sea ella quien detenga al asesino. Tras su llegada en paracaídas, la enmascarada realiza diligentemente la pesquisa: pronto descubre que el autor de los crímenes es un científico extranjero que reside en un barco.

En lo que tal vez es el papel más lamentable de Roberto Cañedo, como el Doctor Eric Williams, vemos al científico loco y malvado en la escena más chafa de todas: una pecera, con un pez naranja y un muñeco de acción tipo Kent, es puesta a burbujear con el líquido pineal para crear así la Hombre-Pez. Ha sido éste, el motivo de los asesinatos.

La película está repleta de los estereotipos y lugares comunes del género: la carcajada siniestra, el ayudante físicamente disminuido de nombre Igor, un laboratorio con foquitos, botones y palancas, un monstruo de hule y, por supuesto, la estructura narrativa que prescinde de la coherencia y lógica del argumento.

A favor de la producción, puede decirse que el sonido está muy bien logrado, la grabación y regrabación es magnífica en los diálogos y la edición de todo el audio, así como su musicalización, a cargo de una orquesta de jazz con una guitarra que le da tintes de lo que ahora se conoce como rock surf.

Maura Monti, originaria de Milán, Italia, y proveniente de Venezuela, tuvo una carrera breve, de 1965 a 1971 y tiene poca fama. Formó parte del elenco en varias películas de luchadores entre esos años y en algunas de las protagonizadas por Mauricio Garcés, al lado de los íconos del bikini como Amedeé Chabott y Elizabeth Campbell o de las divas Lorena Velázquez y Elsa Aguirre. Al verla como La Mujer Murciélago, me quedo con la idea de que merecía mejores papeles y películas.

Voluntaria o involuntariamente, el producto de Cardona resulta muy favorable en cuanto al progreso de la representación de los roles de género y la equidad: La Mujer Murciélago se desenvuelve exitosamente entre varones, derrota a unos y protege a otros. No es madre ni esposa. No tiene un Batman delante de ella ni atrás, como tampoco está bajo su sombra.

Es mucho más que atractivo visual: no sólo es guapa, rica, inteligente, valiente e independiente; también está comprometida con su sociedad y se involucra en la solución de sus problemas, como el de la inseguridad. Toda una supermujer. ¡Es 1968! La liberación femenina, también en México.

Título original: La mujer murciélago
Año: 1968
Duración: 80 min.
País: México.
Director: René Cardona.
Productora: Cinematográfica Calderón S.A.
Guion: Alfredo Salazar.
Música: Antonio Díaz Conde.
Fotografía: Agustín Jiménez, Genaro Hurtado.
Reparto: Maura Monti, Roberto Cañedo, Héctor Godoy, David Silva, Crox Alvarado, Armando Silvestre.

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