CENTENARIO DE PLATA

l Santo es la imagen del luchador mexicano en el mundo. Cualquier persona lo conoce, haya asistido o no a una función de lucha libre, hasta el más ignorante de este deporte sabe reconocer al Santo y a su némesis, Blue Demon. Es uno de los símbolos patrios no oficiales de nuestro país en el extranjero. Uno sabe que si hay alguien con una máscara de El Santo en un estadio de futbol en Rusia, Inglaterra, Sudáfrica o China, lo más seguro es que sea mexicano.

Rodolfo Guzmán, el hombre que acabó desapareciendo tras la máscara plateada, nació un 23 de septiembre de 1917 (22 años antes que Batman), en Tulancingo, Hidalgo. Fue el menor de siete hermanos y el amor por la lucha libre lo aprendió de ellos, ya que ambos eran practicantes del catch. Uno de ellos era Jesús Guzmán, alias Pantera Negra, quien moriría en el ring, y el otro, Miguel “Black” Guzmán. En 1920 su familia se trasladó a la Ciudad de México, al barrio de Tepito, cuando él era muy joven, tomó clases de dibujo y pintura en la Academia de San Carlos, pero al ser de clase trabajadora -trabajaba de obrero-, tuvo que abandonar los estudios.

Nace un ídolo
Sin embargo, la lucha libre lo embrujó desde joven. Rudy Guzmán, como era conocido en ese entonces, debutó a los 16 años y portó siete personajes antes de llegar al que lo consagraría. Era habilidoso y carismático, pero ninguno de los personajes que escogió le quedaba. Fue el Hombre rojo, El Incógnito y también un Murciélago II “pirata”, ya que utilizó el nombre sin la autorización de Velázquez. Salvador Lutteroth, padre de la lucha libre, dueño de la Empresa Mexicana de Lucha Libre, hoy Consejo Mundial, tenía planeado crear varios personajes y le encargó a Jesús Lomelí que buscara talento. Este reclutaría a Rodolfo Guzmán para crear un personaje irónico: El Santo, quien sería un rudo despiadado. La idea era que la gente dijera: ah pa’ santito cuando repartiera topetazos y patadas ilegales.

Guzmán diseñó su propia máscara, incluidos los famosos ojos en forma de gota, que tanto se imitarían. El Santo fue un éxito instantáneo, merced a una gran campaña que organizó la empresa antes de su presentación; su carisma, su talento luchístico y su personaje conformaron una bomba que estalló en los encordados.

El éxito en las arenas haría que la industria del cómic, en ese momento  enorme en México, se fijara en él. Fue como si Hollywood lo hubiera contratado, pues los llamados “paquines” eran muy populares. Firmó un acuerdo con el multifacético y obsesivo José G. Cruz, quien ya había publicado y escrito varias historietas con luchadores. Él lo bautizó con la leyenda de “El enmascarado de plata”, complementando así el nombre: Santo, el enmascarado de plata, una revista atómica. Esta publicación saldría primero cada semana, luego cada tercer día y, debido al enorme éxito, diario.

En esas páginas comenzaría el mito de El Santo, al sacarlo del ambiente semi realista del cuadrilátero para conducirlo a senderos mitológicos. El luchador siempre desempeña un personaje, dentro de las cuerdas desarrolla una historia, porque la lucha libre es al mismo tiempo actuación, deporte y narrativa. Los golpes son reales, pero se ven más fuertes cuando el contrincante los “vende”. Los “piques” van subiendo de tono hasta que un enfrentamiento final es impostergable.

El personaje del Santo fue creado por el propio Rudy Guzmán, tomando lo mejor de sus tres luchadores favoritos: Black Shadow, Cavernario Galindo y Gardenia Davis. De Shadow tomó la innovación en las llaves y por medio del ejercicio luchístico, dar lo mejor frente al público. Del Cavernario, la fiereza. El Santo, antes de abandonar la esquina ruda, lastimaba a sus contrincantes hasta hacerlos sangrar, y buscaba hacer enojar al público. De Gardenia aprendió a nunca salirse del personaje. Dizzy Davis, alias Gardenia, fue un luchador tejano, uno de los primeros exóticos, que todo el tiempo estaba en su papel . El Santo lo llevó a grados absurdos: su propia esposa decía que incluso en casa no se quitaba la máscara.

Pero sería José G Cruz quien lo enfrentaría a los miedos que en ese entonces sufría la sociedad mexicana. Lo mismo el diablo, que los nazis, terribles comunistas, que mad doctors. El Santo se rendiría frente a la Virgen de Guadalupe a quien, en más de una ocasión, le pediría ayuda. Lo volvió un superhéroe de carne y hueso, que siempre ganaba, incluso dotándolo de un aparato que lo hacía volar, mismo que desapareció luego de que en una arena casi lo linchan por no llegar volando. Por eso, Guzmán le pidió a Cruz que relajara su imaginación.

La fama
La gente no se cansaba de los luchadores, por lo que el cine vio una veta de negocio y comenzó a producir películas con esa temática. René Cardona padre filmaría el serial El enmascarado de plata, con guion de Ramón Obón, fotografía de Raúl Martínez Solares. Esperaban que el Santo la protagonizara pero declinó la oferta temiendo hacer el ridículo. El Médico Asesino le entró al quite.

Si bien La bestia magnífica es considerada la primera película de este género, fue la de René Cardona la que contiene todos los elementos del género que se volverían un imán de taquilla: Ciencia ficción, melodrama, terror y lo más importante: un héroe enmascarado que no tuviera miedo de soltar mamporros coreografiados.

Al ver el éxito de la película, Santo aceptó la oferta del luchador y guionista Fernando Osés, para filmar un par de cintas dirigidas por Joselito Rodríguez, con guion del propio Osés y Enrique Zambrano. La producción se realizaría en Cuba y se filmarían al mismo tiempo: Santo contra el Cerebro del mal y Santo contra los Hombres Infernales. En esta última, el ídolo aparece en un papel pequeño sin su característica máscara debido a que, por las carencias de presupuesto, tuvo que aparecer de extra.

Blue Demon, su némesis
Los Lutteroth se frotaron las manos al ver la mina de oro frente a sus ojos, así que crearon variantes del personaje. Pronto debutó un Santo segundo, encarnado por Vicente Ramírez, que la Comisión de Lucha echó abajo debido a que se prestaba a fraude al ser prácticamente el mismo personaje. Pero sí pudieron colar una efímera novia del Santo, con Irma Aguilar detrás de la máscara.

En aquel entonces, Televicentro, a la postre Televisa, ofrecía funciones televisivas con su propio roster de luchadores, competencia directa a la empresa propiedad de los Lutteroth, reconocida como seria y estable. Para dar batalla, la EMLL tuvo que quemar sus mejores cartas. Para ese momento había dos grandes ídolos, El Santo y Black Shadow, así que el enfrentamiento entre ambos era inevitable. Shadow perdió. El enmascarado negro no sólo perdió su máscara, también mucha de la magia que lo acompañaba, por lo que la empresa suplió el pique con un supuesto hermano del derrotado: Blue Demon.

En un mano a mano, Demon humilló al plateado y así inició una rivalidad que ha traspasado ya una generación. Santo sin Blue Demon no sería el mismo, sin esa eterna rivalidad no tendría la misma magia. Al cambiarse el plateado a la esquina técnica sería el justo complemento, el ying para el yang, del rudo Demon. Uno tendría para sí las fuerzas divinas, el otro las demoniacas.

Esta competencia llegaría incluso a los juguetes. En la década de los sesenta se harían los famosos moldes de los muñecos de luchador, en dos poses: la clásica con una mano arriba y otra abajo, cómo iniciando una “toma de réferi”, y la de los dos brazos levantados en pose de hacer “una doble Nelson”. La primera, icónica, sería sacada de una foto de El Santo en la revista Box y Lucha. La otra corresponde a una foto de Blue Demon. Con el tiempo, la del Santo sería la genérica.

Pronto la rivalidad ficticia en los encordados escalaría al cine y al terreno personal. Dentro del cuadrilátero era evidente que lo que empezó como ficción era ahora muy real. Demon tenía un cuerpo muy bien trabajado en el gimnasio además de ser un gran luchador. Blue Demon era famoso por ser cohetero, es decir, un luchador con suficiente técnica y fuerza, como para reducir a cualquier contrincante. En el famoso mano a mano posterior a la lucha entre Black Shadow y El Santo, Demon hizo evidente que si bien no tenía el gran carisma del plateado, lo superaba en habilidad y fuerza. Por eso la lucha de apuesta nunca se dio pues Santo sabía que perdería ante un rival superior a él.

En otros terrenos, el Santo era superior. En Las momias de Guanajuato, dirigida por Federico Curiel, el trato con Blue Demon era protagonizar junto a un novato Mil Máscaras, una cinta en la que Demon fuera el personaje principal. Sin embargo, el productor Rogelio Agrasánchez decidió incluirlo al final, agregando unas escenas en las que Santo termina por ser el héroe máximo.

El retiro
El Santo decidió retirarse todavía en plenitud de sus facultades. Lo hizo en una lucha que tuvo lugar el 12 de septiembre de 1982, una semana antes de que cumpliera 65 años. Hizo un equipo de relevos “australinos” con Gory Guerrero, padre de Eddie y Mando Guerrero, con quien vivió años de gloria formando “La Pareja Atómica”, sumando a Huracán Ramírez y El Solitario. Sus oponentes fueron el Perro Aguayo, El Signo, Negro Navarro y el Texano, rudazos de siete suelas. Huelga decir que la facción plateada ganó.

¡Santas películas!
La leyenda del plateado ha sobrevivido incluso a su hijo, a sus imitadores, a la chacota. Sus películas van del bajo presupuesto a la serie B de culto. Si bien tiene cintas terribles como Santo vs asesinos de otros mundos en la que los efectos especiales consistían en sabanas mojadas que simulaban ser un monstruo, también tuvo cintas que destacaron como El hacha diabólica, Santo contra las mujeres vampiro o El espectro del estrangulador.

La concepción del Santo fue cambiando con el paso del tiempo: de ser un guerrero místico a agente secreto, hasta terminar penosamente como un justiciero arte marcialista. Los productores mantenían viva la imagen del luchador adaptándola a las modas del momento, sacando en el camino bastantes billetes.

A su muerte, su mito fue devorado por la cultura popular. Sus películas fueron sacadas de contexto y el gran público ahora lo veía como una especie de atracción de feria. Atrás había quedado el luchador que llenaba arenas; era un tipo con vientre que no se quitaba la máscara y que salía en película de muy bajo presupuesto. Comenzaron a surgir leyendas como que “en Francia sus producciones eran consideradas surrealistas”, como si el low budget y las alocadas tramas fueran propias sólo de sus películas, como si el cine de explotación fuera algo privativo de México.

El Santo devino en una moda kistch que su progenitor, El Hijo del Santo, acabó por mercantilizar hasta el hartazgo y que los despachos de diseño explotaron, al igual que los cineastas en ciernes, que con un par de máscaras hacían “un homenaje” al plateado. La mercadería de las tiendas “autorizadas” elimina el elemento principal del éxito del plateado: el pastiche. La lucha libre es una licuadora de influencias en los que, al final no acaba por encontrarse la fuente original, porque, al asimilar todo crea algo nuevo.

“El nombre de El Santo yo mismo me lo puse. Me inspiré en El hombre de la máscara de hierro”. Me dije, ¿por qué no voy a ser ‘el hombre la máscara de plata’? Así fue, así debuté. Yo hice mi propio equipo. Yo quería debutar como un príncipe, todo plateado… una cosa fabulosa. Desgraciadamente fue todo lo contrario. Lo que se presentó fue un monstruo. La máscara era plateada pero burda, todo completamente diferente a como había pensado. Pero en esa primera lucha armé una escandalera y aquí sigo. Pero todo debe acabarse y por eso me voy”, contó El Santo en una entrevista poco antes de su retiro de los encordados.

A 100 años de su nacimiento, el oriundo de Tulancingo, sigue tan vivo como antes, esperando entrar en acción de la mano de alguien que sepa explotar su esencia para que siga dando topes voladores y aplicando la de “a caballo” a políticos corruptos, momias revividas y alguno que otro extraterrestre.

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