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UNAS VICKIS BIEN HELODIAS

Ya ven que en México mayo es un mes que deberíamos denominar de vacaciones formales para regresar con hartos bríos al trabajo y al estudio por ahí de mediados de junio, bañados y acicalados, después de apapachar a los niños, a los trabajadores, a las madres y los maestros. Después también de haber reiniciado la prometida dieta y de haber mandado mensajes cariñosos a todos y también a los demás. Porque en México todos somos abrazables y felicitables: somos niños o llevamos un niño dentro, le hemos enseñado algo a alguien y somos muy agradecidos con quienes algo nos enseñaron. Las que no somos madres somos mamacitas y los albañiles nos chiflan por las calles. Pero bueno, eso no sucede solo en el 10 de mayo.

Si bien mayo es un mes particular por la cantidad de celebraciones civiles a las que nos debemos, el resto del año no es moco de pavo. Además de las fiestas religiosas y civiles tenemos el muy importante conjunto de días festivos patrióticos, en los que festejamos “a los héroes que nos dieron patria”, distinguimos a los malos de los buenos y a veces nos hacemos tremendas bolas tratando de identificar quién era qué. Con el tiempo los mexicanos hemos ido aprendiendo que la calidad del héroe depende de quién esté en el poder y con qué valores se identifique y que, entre todos los que colaboraron para que el país sea lo que fue, el cura Hidalgo es el que menos reveses ha sufrido al ser considerado prócer nacional.

En Canadá no es el caso. Andamos pobres de días festivos, pero eso sí, para que rindan y se disfruten, se trata de concentrarlos a todos en los meses de más sol, para que la vacación sea significativa. Canadá tiene días de descanso oficial obligatorio, pero no demasiados: ahí está Navidad, Año Nuevo, Viernes Santo, Día de Canadá y Día del Trabajo. Esos aplican a todo el país. Los días festivos obligatorios de cada provincia varían tanto como el clima y hay una tabla especial para que cada quien encuentre el que le toca.

Yo vivo en Ontario y, por lo tanto, soy acreedora al día de la Familia, un lunes a mitad del mes de febrero, que se dice fue inventado para dar tiempo a los trabajadores para pasar con sus familias pero que, más en específico, se le ocurrió a alguien que consideró necesario un día de descanso entre Año Nuevo y Viernes Santo, porque había tres meses de por medio y no era de dios.

También nos tocan Thanksgiving (en octubre, para no coincidir con el de los estadounidenses) y Boxing Day (ese sí, fijo, el día después de Navidad, para coincidir con los estadounidenses). Es el día en que los gringos se matan en las filas de las tiendas para entrar primero y ganar el iPod de última generación o algo igual de útil. Mientras en Canadá, la gente se forma amablemente, platica en la fila, entra de forma ordenada a las tiendas, y si no ven nada que les guste, salen sin comprar nada. Hay que ahorrar.

Pero en mayo los ontarianos (y otras tres provincias más) tienen el Día de Victoria (Victoria Day) en honor a la reina del mismo nombre que fue conocida en vida como la Viuda de Windsor debido al largo luto que guardó a la muerte de su marido, el príncipe Alberto. Se conmemora el cumpleaños de la reina, que nació el 24 de mayo de 1819, pero al mismo tiempo se festeja que por fin dejó de hacer frío, por lo que el día se mueve con graciosa flexibilidad para constituir un bonito puente que inaugure formalmente la temporada de casas de campo y acampadas. También se le conoce como el día del 2-4, que no tiene que ve con el cumpleaños de la reina, sino con el paquete de cervezas más popular en la región: el que contiene 24 latas o botellas de la rubia bebida. Al final, en el día de Victoria lo más importante es echarse unas Vickis, con lo cual canadienses y mexicanos nos empatamos en nuestros gustos de cómo transitar por un día de descanso obligatorio.

Pero lo más curioso del Victoria Day es que, a diferencia de lo que yo creía cuando llegué a este país, no es una festividad extensiva a todo el Commonwealth (o grupo de los países que alguna vez integraron el Imperio Británico), vaya, ni siquiera se festeja en Inglaterra, donde cada monarca instituye su propio cumpleaños como día de descanso (y si el clima en su cumpleaños es horrendo, no hay problema: se nombra un “cumpleaños oficial” en el verano y todos a la playa). El Victoria Day es solamente de Canadá y solamente de algunas provincias. No se sabe bien a bien si porque la figura de la viuda triste, vestida de negro la mitad de su vida y dedicada en cuerpo y alma a recordar a su marido detona algo en la imaginación de los canadienses. O porque en realidad la era victoriana pasó por Canadá como una página en la que por no pasar, ni pasó el Imperio, parafraseando a Serrat. Fueron dejados tranquilos por la reina y sus súbditos; respetados como parte de un todo pero allá, lejos. Será que es un recordatorio de que la independencia está sobrevalorada: más vale ser parte de una “monarquía democrática”, donde todos caben, (un concepto que francamente me parece desaforado) que estar solos en el mundo, enfrentando a los imperios, luchando cada día por sostenerse como nación. No sé, se me ocurre pensar.

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