EL NARCOTRÁFICO ES UNA REVOLUCIÓN DE DERECHA

l huracán Alex golpeó la ciudad de Monterrey, Nuevo León, el 30 de junio de 2010. Según los datos disponibles, el fenómeno duró treinta y ocho horas. Pocos días después, Alejandro Vázquez Ortiz (Monterrey, 1984) volvió de España para descubrir que su ciudad había sido devastada. Como el escritor atesora sus recuerdos para después darles forma o encontrarles sentido, la llegada del huracán le serviría como futuro escenario de El emisario o la lección de los animales que, además, marca el inicio de una ola de violencia sin precedentes en la historia de Nuevo Léon. Álex, el protagonista, es un joven que decide hacerse pasar por su hermano, un emisario, y entra al mundo del narcotráfico, enfrentando su furia imparable cuando algo sale mal. Mientras tanto, la ciudad queda a merced del otro Alex.

Quiero preguntarte acerca de la manera como está contada la novela, con un lenguaje muy particular de un narrador que comparte una serie de reflexiones, incluso, filosóficas. ¿Cómo encontraste el tono adecuado para Álex?
Fue una apuesta porque creo que es necesario reflexionar alrededor de la violencia. Necesitaba un personaje así para no limitarme dentro del tipo de lecturas a las que se ha llamado género del narco y que se basa, sobre todo, en la fascinación por la violencia. Sea o no apologética, creo que sí hay fascinación, y en este caso mi interés era huir de todos esos lugares comunes, huir de la demarcación del género e intentar darle una vuelta de tuerca. Para eso configure a este personaje que no es un narcotraficante, es alguien que se mete y se topa con el mundo de la violencia. Una de mis preocupaciones era que el personaje fuera verosímil y que el lector aceptara esa premisa: escuchar reflexiones filosófica de parte de un narcotraficante.

Independientemente de la violencia de los carteles del narcotráfico, creo que El emisario… una novela acerca de la familia…
Sí, mi interés está en observar las micro violencias dentro de la vida diaria de todas las personas, en este caso, del padre, una persona muy hostigadora y cuadrada, y la madre con su locura. Fue un proceso muy personal, un poco catártico, porque cuando estaba escribiendo la novela perdí a mi madre, y creo que venía a cuento para explicar esta violencia y esta separación por medio de los personajes secundarios: el primero es el padre, el segundo es la madre, el tercero es el hermano y el cuarto es la historia del propio narrador. Me interesaba ver que fuera esta relación turbulenta con la familia y con todo lo demás para que se viera de donde salía este personaje, qué particularidades tendría.

La urgencia de Álex por encontrar su lugar en el mundo es una metáfora del narcotráfico: mucha gente toma ese camino para ser alguien, obtener una identidad que el mundo, la sociedad, su medio, no le ha dado…
Estoy completamente de acuerdo. De hecho tengo una teoría, quizás es muy violento decirlo, pero para mí el narcotráfico es una revolución de derecha. A que me refiero con esto: a que es como la gente que toma las armas para imitar los moldes de una sociedad capitalista, tener dinero, poder y utilizarlo. Esa es la metáfora: el que no es nadie, el que carece de nombre, se apropia de una identidad.

Conforme avanza la historia, a Alex se le aparecen algunos animales, lo que posibilita varias interpretaciones. ¿Por qué decides usarlos para dar una lección?
Desde el principio yo concebía la novela como una reflexión acerca del narco y la idea fundamental era la del chivo. Culminar con una escena donde un chivo estuviera presente es una metáfora del narco porque éste se convierte en el chivo expiatorio de una sociedad ya de por sí violenta. Luego me centré en identificar a cada personaje con un animal. La madre como un ave, lo aéreo, lo que no está en el suelo, que va volando. El hermano es la serpiente: el traidor, el rastrero, a la vez peligroso, venenoso. El padre, el perro, fiero y recio, instalado en la tierra; y el emisario, el chivo, el sacrificado. En cada parte de la novela quería mostrar a los animales en esa relación con el hombre y problematizar la civilización frente a lo animal, a lo salvaje, y poner en relación cuál es más violenta, cuál es más ruin. De hecho hay otras notas que llegan un poco más al subconsciente. Cada una de las cuatro partes tiene un tono especial: la primera es muy oscura y te ofrece colores de marrones y negros, y la expresión de la ciudad en la noche. La segunda parte, de la madre, es muy blanca, clara y transparente. La tercera es la lluvia, es morada y de tonos azules, justo cuando llega el huracán con toda su fuerza; y al final, el fuego, todo rojo, todo naranja, todo arde. Fue mi intención que cada animal, cada parte, terminara con una última palabra que corresponde a los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego.

Durante los últimos años se desata la polémica cada vez que se habla del género del narco: hay quienes dicen que no es un género, que es una etiqueta comercial que se supone que vende mucho. ¿Cuál es tu opinión? ¿Lo ves como un género, un subgénero, tiene elementos que sean capaces de hacerla distinta de la novela policiaca, costumbrista, psicológica, etc.?
Habría que ver cada situación particular. Creo que no es propiamente un género porque para serlo necesita tener unas características claras, más bien pienso que es un subgénero de lo policiaco. Sin embargo, si quiero aclararlo, creo que es una necesidad, que no se trata únicamente de una etiqueta comercial. Creo que es una forma de catarsis de los narradores a quienes nos ha tocado vivir un momento muy caótico. Mis anteriores libros no tienen nada que ver con la violencia del narco. Si me lo preguntas, si cambié para ir con la veleta del narco te digo no. Estos dos libros los escribí cuando estaba en España y al volver, unos cuatro días después del huracán Alex, toda la ciudad de Monterrey estaba destruida y luego se generó esta ola de violencia, aparecían personas colgadas de los puentes y les prendían fuego, era algo inédito, y darle la espalda a esto no es honesto. A partir de donde estamos parados hay que intentar reflexionar sobre nuestra realidad. Creo que la literatura del narco es un subgénero, pero no creo que responda a cuestiones comerciales, o al menos no en todos los casos.

¿Qué hace distinta a tu novela de otras que, seguramente, responden a una moda?
No sé si sea moda pero lo que siento en general y en muchos casos, como sucede en la televisión donde todo el tiempo se habla de narcos, es que hay una fascinación por la violencia. Sin embargo, la violencia es tramposa porque es una especie de agujero negro que chupa todo y no ofrece nada, no ofrece una respuesta más o menos con sentido. En un panorama posmoderno todo se interpreta y al final se puede llegar a admirar a los narcotraficantes, admirar su poder, como decía antes, esa caricatura monstruosa y horrenda del ejercicio del poder, el ejercicio del poder normalizado de las grandes empresas o de los estados. Entonces la diferencia es mi intencionalidad de reflexión, que desde el principio hasta el final la violencia fuera sometida al pensamiento y reflexionar de dónde viene, por eso el leitmotiv de Edipo rey, la tragedia por excelencia, y la pregunta de Edipo rey, que de cierta forma también es la del emisario: ¿quién trajo la peste a Tebas?, ¿quién trajo este crimen, esta violencia? La respuesta es la misma que la de Edipo, al final.

Alejandro Vázquez Ortiz, El emisario o la lección de los animales. Caballo de Troya, 2017.

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