CARIÑO COMPRADO

EN DEFENSA DE ARJONA

Al aire libre o en espacios cerrados, la crítica y la burla se ejercen tan fácilmente como decir que uno más uno es igual a dos. En cualquier momento de la existencia podemos ser objeto de críticas y burlas por igual, cualquier pretexto siempre es bueno para tirar carrilla, y dependiendo del carácter y estado de ánimo de cada quien, o se toman con humor, simplemente se resbalan o hieren en lo más profundo del ser.

Por su exposición mediática, las estrellas del espectáculo son más susceptibles a la crítica despiadada y a la burla mordaz. En un mundo en el que la privacidad es cosa del pasado, los famosos se arriesgan todos los días a ser grabados en situaciones comprometedoras (infidelidades, caídas, resbalones), retratados sin pizca de maquillaje o mostrando los excesos de su vida disipada. Bajo estas condiciones de acecho, hay que aceptarlo, la vida de estas personas debe ser insoportable.

Ricardo Arjona, cantautor nacido en Guatemala, es desde hace muchos años blanco fácil de dardos envenenados con cizaña y mala leche. A pesar de que su sola presencia es capaz de llenar el Auditorio Nacional, la Quinta Vergara o el Luna Park, sus detractores no le dan respiro. De vez en cuando, a través de Facebook, se le pide a Dios que regrese a Michael Jackson y se lleve al autor de “Mujeres”, o le llaman “el Serrat de las chachas” —mote de corte racista—, como si la mayoría de ellos hubiera escuchado las canciones del catalán quien, seamos sinceros, vive de sus glorias pasadas, los arreglos setenteros de sus canciones son espantosos, y sus letras “sociales” o de conciencia no animan ni a un plantón de abuelitos (léase personas adultas en plenitud).

Se le critica mucho a Ricardo Arjona por las rimas reiteradas que emplea a la hora de componer. Es cierto que todo en exceso mata, pero habría que recordarles a esos jueces de la métrica que a cada rato lo condenan, que grupos como Mecano hicieron de la rima forzada su modus vivendi, y no veo a las multitudes llevando a Ana Torroja o a Nacho Cano al patíbulo o a un curso de poesía del Siglo de Oro.

Arjona escribe “poesía barata”, afirman unos; “Poeta de cinco pesos”, le espetan otros.. Lo extraño es que nadie se ofende cuando a Marco Antonio Solís se le publicita como “el poeta de América”, no crean cuentas en Facebook para pedirle a Dios que se lleve al autor de “Mi chaparrita”, y que nos devuelva a Octavio Paz, Efraín Huerta o Pablo Neruda.

Las figuras retóricas que Arjona emplea en sus canciones también son incomprensibles para quienes en lugar de corazón guardan en la caja torácica un pedazo de plomo. “Ponerle una pestaña a lo que nunca tuvo ojo” es una forma de señalar que cuando uno está entrampado en un amor imposible, vivir se vuelve una condena, un absurdo. La frase es disparatada, estoy de acuerdo, pero existen otras que envueltas bajo cierto halo místico se disfrazan de falsa poesía, y que miles de personas corean a la menor provocación como si en ello les fuera la vida: “Ella durmió al calor de las masas y yo desperté queriendo soñarla”. Al tratarse de Soda Stéreo, grupo idolatrado como el becerro de oro, a Arjona lo crucifican por decir que Jesús es verbo y no sustantivo.

¿Por qué tanto coraje contra Ricardo Arjona? ¿Por qué?

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