Cuando Goldberg se convirtió en Gehry

Incansable, a los 91 años de edad, Frank Gehry continúa en activo, construyendo edificios imposibles y polémicos. Ya sea en Francia, Australia o en Estados Unidos, donde acaba de construir un nuevo edifico en el campus de Facebook, el arquitecto de origen canadiense cumple con uno de los requisitos de los starchitects: la longevidad.


1954 marcó el comienzo de una nueva vida para Frank Owen Goldberg. Como si los astros se alinearan, cambiarse el apellido lo encaminaría en la dirección correcta, vislumbrada por una grafóloga que, al revisar los dibujos del pequeño Frank, le aseguró a su madre que en esos trazos se escondía un gran arquitecto.

Gehry, el apellido elegido, puede explicarse como si fuera un edificio: conserva la primera letra, como un cimiento capaz de resistir el tiempo, un recordatorio de su tradición y origen; la h marca un centro, el equilibrio que requiere toda estructura para no derrumbarse; por último, la y es un remate desequilibrante.

En 1947 dejó Toronto, su ciudad natal, y se mudó con su familia a Los Ángeles porque su padre estaba enfermo y necesitaba un clima más benigno.

Su primer encuentro con la arquitectura sucedió en Toronto, a los 16 años. Asistió a la conferencia de un arquitecto venido de Finlandia que resultó ser Alvar Aalto.

Las diapositivas que el arquitecto mostró aquella noche eran las del Sanatorio de Paimio, una de sus obras maestras.

El arquitecto Alvar Aalto.
Sanatorio de Paimio (1933), Alvar Aalto, Imagen tomada de: https://www.metalocus.es/es/noticias/el-sanatorio-paimio-de-alvar-aalto-esta-a-la-venta

Mientras se decidía por una carrera, el joven Goldberg tomó un curso de cerámica, donde demostró su capacidad para moldear cualquier material. Por ello, la maestra a cargo que le aconsejó que estudiara arquitectura. 

Y así lo hizo: primero en la Universidad del Sur de California; tras graduarse, se fue a Harvard a estudiar urbanismo.

Sin embargo, el arquitecto Goldberg no se sentía a gusto; prefería frecuentar a pintores y a escultores que a los miembros de su gremio, quizá porque le parecía que a diferencia de su carrera, los artistas trabajaban libremente, sin estar sujetos a códigos de construcción, o sin poder apartarse de una ecuación cuasi indestructible, el mantra de la arquitectura moderna: la forma sigue a la función.

Ya convertido en Frank Gehry, y tras un año de vivir y trabajar en París, el arquitecto abrió su despacho en 1967.

Con obras menores que difícilmente pueden rastrearse en los libros con sus obras completas, en 1977 compró un búngalo construido en los años 20, y comenzó a remodelarlo para vivir ahí.

En realidad aprovechó el proyecto para experimentar y darle forma al tipo de arquitectura por la que sería reconocido. Gehry afirma que la suya es una casa cubista, recubierta por materiales industriales como láminas corrugadas y alambradas de acero.

Imagen tomada de: https://www.pinterest.de/pin/524739794066625639/

Sus vecinos, consternados por el monstruo de ventanas chuecas, sin aparente lógica constructiva que crecía a pocos metros de sus propiedades, amenazaron varias veces a Frank. 

Al mismo tiempo, Gehry diseñaba un centro comercial: Santa Mónica Place, una estructura insípida y comercial, genérica, sin más pretensiones que ofrecer metros cuadrados de tiendas minoristas.

El día de la inauguración, Gehry ofreció una cena en su casa a la que asistió el dueño del mall. Al entrar a aquella casa que parecía un muestrario de materiales y acabados, éste le preguntó al arquitecto:

“¿Te gusta tu casa?”, “Sí”, respondió. “Entonces, si te gusta esto, no puede gustarte aquello”, dijo, refiriéndose al centro comercial.

Gehry confesó que efectivamente esa obra no le gustaba, pero que la había hecho para ganarse la vida.

El diálogo se tornó filosófico, pues su cliente le pidió que dejara de hacer cosas sólo por dinero. Al final de la velada, los dos hombres se dieron la mano y terminaron su relación comercial; Gehry se había quedado sin su fuente de ingresos.

Gehry, el apellido elegido, puede explicarse como si fuera un edificio: conserva la primera letra, como un cimiento capaz de resistir el tiempo, un recordatorio de su tradición y origen; la h marca un centro, el equilibrio que requiere toda estructura para no derrumbarse; por último, la y es un remate desequilibrante.

“Fue un salto al vacío, pero por primera vez me sentí feliz”, dice cada vez que recuerda este episodio fundamental en su carrera. 

Los clientes comenzaron a llegar. Entre 1979 y 1988, Gehry diseñó otras casas cubistas, llamativas y radicales que también podrían considerarse postmodernas.

Si se observa la disposición de estas viviendas, en general mantienen un funcionamiento común y formas ortogonales, sin curvas, esos elementos que estaban por llegar a su caja de herramientas.

Siempre dibujando, Gehry llevó al extremo la forma arquitectónica, convirtiéndola en una pieza escultórica. Casi cualquier forma puede construirse y mantenerse en pie; el problema es cómo hacer que esa forma pueda ser interpretada durante la construcción.

Al arquitecto Frank Gehry, la representación arquitectónica en dos dimensiones le quedaba corta.

Su acercamiento a las computadoras inició con el diseño de un pabellón en forma de pez, a construirse en la ciudad de Barcelona, previo a los juegos olímpicos.

Las formas curvas del pez iban a causar muchos problemas al constructor. A Jim Glymph, colaborador de Gehry, se le ocurrió emplear un software llamado CATIA, usado en la industria aeronáutica. Este programa crean modelos digitales mediante curvas paramétricas de Bézier (o vectores), así como algoritmos de superficie 3D.

Imagen tomada de: https://www.pinterest.com.mx/pin/65302263316534161/

Con la posibilidad de trazar cualquier curva a escala sin perder su exactitud, Gehry descubrió la manera de hacer realidad cualquier trazo curvo, incluso, hojas de papel arrugadas.

Por cierto, Frank Gehry no sabe usar la computadora.

Con el pez construido en tiempo y forma —sin exceder el costo presupuestado—, Gehry dobló la apuesta y siguió adelante con esta nueva manera de hacer arquitectura.

El diseño del Walt Disney Concert Hall, en Los Ángeles, se demoró porque los contratistas no sabían cómo ejecutar las obras de un recinto con forma de ballena deconstruida, pero Gehry demostró que sí era posible en Bilbao.

Walt Disney Concert Hall. Imagen tomada de: https://es.laphil.com/about/our-venues/about-the-walt-disney-concert-hall

El Museo Guggenheim de Bilbao fue posible gracias al programa CATIA, que le dio al arquitecto toda la libertad de diseño posible. El año de la apertura (1997), la ciudad española recibió 700 mil turistas, el doble de su población. 

Museo Guggenheim de Bilbao. Imagen tomada de: https://www.pinterest.co.uk/pin/428193877051706570/

Tanto Gehry como su creación aparecieron en las portadas de todos los diarios y revistas del mundo. Opiniones en contra y a favor trataban de establecer si el museo podría o no considerarse arquitectura. Ese debate en torno a su obra continúa.

El día que un periodista le dijo que sus diseños no eran más que espectáculos, Frank levantó su dedo medio y le dijo, según la versión del periódico The Guardian:

“Déjame decirte una cosa: en este mundo en el que vivimos, el noventa y ocho por ciento de todo lo que se construye y diseña hoy en día es pura mierda. No hay sentido del diseño, no hay respeto por la humanidad o por cualquier otra cosa. De vez en cuando, sin embargo, un grupo de personas hace algo especial. Muy pocos, pero, Dios, déjanos en paz”.

Imagen tomda de: https://www.pinterest.cl/pin/370210031849697972/

La imagen del encabezado fue tomada de: https://www.xlsemanal.com/actualidad/20141019/frank-gehry-luchador-creo-7714.html


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