CON LA LICENCIA DE DIOS. LA POLÉMICA CONSTRUCCIÓN DE LA SAGRADA FAMILIA

El siempre combativo George Orwell, brigadista internacional durante la Guerra Civil española, también disparó municiones contra la Sagrada Familia. La primera vez que estuvo en Barcelona, fue a echar un vistazo a la catedral, y dijo que se trataba de “uno de los edificios más horribles del mundo”. Comparó con botellas de vino las cuatro torres construidas hasta ese momento, y que gracias a su supuesto valor artístico, el edificio no terminó, como otros templos, consumido por las llamas.

Orwell no fue el primer escritor que se burló de Gaudí. Ya lo había hecho Ramón del Valle Inclán; según él, el Palacio Güell era “fúnebre, bárbaro y catalán”. Miguel de Unamuno, sin referirse a Gaudí específicamente, dijo que el modernismo catalán era fachadosa, “fachadas infestadas”, debido a la ornamentación. Para Juan Ramón Jiménez, Barcelona era “víctima de las pesadillas de un arquitecto catalán”.

El autor de 1984 remató su crítica señalando “el mal gusto” de los anarquistas que no dinamitaron la obra de Antoni Gaudí el 21 de julio de 1936.

            Cuando sucedió el ataque, Gaudí ya llevaba diez años muerto, sepultado en la cripta de la Sagrada Familia. Aunque el edificio no sufrió daños mayores, los vándalos entraron al taller y destruyeron las impresionantes maquetas de yeso con las que el maestro resolvió casi todos los detalles del proyecto. Luego sobrevino el incendio que consumió fotografías, dibujos originales y los pocos planos arquitectónicos de la que se convertiría en la iglesia más visitada de España.

Lluis Bonet i Gari, un joven arquitecto y ayudante de Gaudí, guardó los restos de las maquetas y las escondió hasta el final de la guerra. Los más de diez mil fragmentos fueron restaurados y usados como guía por ingenieros y arquitectos.

A diferencia de sus colegas, el catalán prefería trabajar en modelos tridimensionales a los que daba forma con las manos, tal y como había visto a hacer a su padre, un artesano que fabricaba calderos.

Aunque no era inmune a las críticas, Gaudí nunca dudó de su trabajo y defendía sus ideas a capa y espada. Si era el caso, sabía alzar la voz. Según su testimonio, cuando se ponía de malas, era irascible y explosivo. Este modo de ser le permitió llevar a cabo sus proyectos aun y cuando éstos pasaban por alto los reglamentos de construcción y los veredictos de las autoridades.

Cuando presentó los planos del Palacio Güell, el arquitecto a cargo se negó a autorizarlos; la Casa Calvet violaba la altura máxima permitida; las obras de la Casa Batlló fueron clausuradas por no contar con el permiso de construcción; La Pedrera se construyó sin respetar los límites de su propio predio (una columna se desplantaba sobre la acera).

Con estos antecedentes, no sorprende que la Sagrada Familia no contara con la licencia de construcción correspondiente. Desde la colocación de la primera piedra el 10 de marzo de 1882, esta obra ha estado “chueca”, como se dice en México. A lo largo de estos 137 años transcurridos, ni el más conspicuo de los investigadores ha podido hallar el permido que avale los trabajos en el más famoso predio del Eixample.

La licencia no es barata: ya se pagaron más de 5 millones de dólares, y se espera que los siguientes años se liquide un monto superior a los 41 millones por los años anteriores. El permiso estará vigente hasta 2026, año en que se completará la catedral y se conmemorarán los cien años de la muerte de Gaudí. 

Al morir, el 10 de junio de 1926, el arquitecto se llevó consigo todos los detalles arquitectónicos y constructivos de la iglesia.

Para un alma piadosa como la suya, morir atropellado por un tranvía fue un acto de injusticia divina, pues desde 1911, a la edad de cincuenta y nueve años, Gaudí lo dejó todo, no sólo a sus adinerados clientes sino su vida misma con el objetivo de dedicarse en cuerpo y alma a la Sagrada Familia. Su imagen de dandi bien vestido, con trajes cortados a la medida y sombreros elegantes quedó en el pasado.

Esta decisión, de acuerdo con Lluís Permanyer, autor de Gaudi of Barcelona, fue consecuencia de una profunda depresión.

Desde niño, debido a enfermedades asociadas con el reumatismo, Gaudí se acostumbró a alimentarse frugalmente a base de miel y verduras. Esta herencia, sumada a su condición psicológica en 1910, derivó en anemia y luego se contagió de brucelosis o fiebre de Malta.

Con la muerte al acecho, Gaudí redactó su testamento. A esas alturas de su vida ya era famoso, con creaciones como la Casa Batlló, La Pedrera, el Parque Güell, y en círculos académicos se consideraba que sus soluciones estructurales eran, además de atrevidas, innovadoras y revolucionarias. 

La polémica siempre ha acompañado a la Sagrada Familia. El 9 de enero de 1965 se publicó en el periódico catalán La Vanguardia una carta firmada por personalidades de la arquitectura como Le Corbusier, Nikolaus Pevsner, Bruno Zevi, Ricardo Bofill, entre otros, así como el pintor Joan Miró. El texto dice, entre otras razones, que a nivel urbano, ya no es admisible construir grandes templos debido al crecimiento de las ciudades; lo mejor era edificar parroquias en distintas partes de Barcelona.

La razón más poderosa era que Gaudí no había dejado instrucciones precisas ni planos: “Gaudí tenía de la arquitectura un concepto tan vivo que creaba su obra diariamente a impulsos desordenados, con unos planos previos que servían apenas de pauta. En Gaudí hay un aspecto pictórico y escultórico que es esencial y este aspecto sólo él lo podía realizar, Sin él, la obra queda falseada y disminuida”.

A pesar de la carta, los visitantes siguen llegando a Barcelona para peregrinar por toda la ciudad, en busca de los proyectos de Gaudí y depositar su dinero en las urnas de la Sagrada Familia.

A pesar de George Orwell, el nombre de Gaudí es sinónimo de arquitectura, una de las más grandiosas e imaginativas creada por el hombre. Como apuntó Jonatahn Swift en “Thoughs on Various Subjects, Moral and Diverting”: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

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