CRÓNICA IRÓNICA: AVENIDA PASEO DE LA REFORMA

Brains
8:35 a.m.- Las personas se aglomeran en las esquinas de las calles para migrar desesperadamente a sus hormigueros. Los microbuses, combis, taxis, Metro, Metrobus, tren ligero, Trolebús, todos llenos. Rechazamos mirarnos los unos a los otros. Claxon, -¿puede pasar uno por favor?, todo a 5 pesos, siguiente parada: Zapata. Pululan las saturaciones sensoriales como avispas que nos obligan a migrar de una realidad a otra, los celulares también nos transportan. El ambiente devora cada percepción y la escupe en minúsculos touchs, nos transformamos. Los libros, las conversaciones, el periódico son oasis de la virtualidad. Nos gusta la comunicación in-e-volucionada, abstracta, a veces vacía. Reescribimos las reglas de la proxémica porque estamos demasiado cerca cuando deseamos estar lejos. Cada cabeza es un mundo… Brains! Un señor espera pasar encima o a través de mi, no lo sé, y después de él, viene otro y otra más, y muchos más. Todos exigen ser los primeros, tener paso, ser los importantes entre la vorágine del tiempo. Soy alimento de zombis y tengo miedo: sé de muchos a quienes ya les han devorado el espíritu sutilmente.

El vagón nos vomita después de masticarnos un largo rato.

Las costillas de Hidalgo
9:36 a.m. Tirados en el suelo o pidiendo algunas monedas, los niños perdidos (ahora jóvenes demasiado perdidos) moran la residencia oscilatoria entre el parque Alameda y los largos túneles del metro Hidalgo. Instalan sus hangares de vuelo con destino final en la Avenida donde sin distinción encontramos el pan, nuestro hormiguero de supervivencia, Avenida Reforma.

Percheros, salas de estar, cocina, desayunador y baño, todo en uno; el parabús de Reforma y Metro Hidalgo es un chalet multifuncional, sin etiqueta de cátedra o target. Pero al metro bautizado con el nombre del padre de la Independencia, no le gusta que los otros se refugien a sus costillas. El perro de compañía callejera es el único huésped permitido y no lo culpo, es todo un personaje.

Escaleras arriba, el sagrado Templo de San Hipólito es transformado en el tianguis “San Juditas” de vez en cuando. Se comparte comida y atole a cambio de las cooperaciones (in)voluntarias a sus fieles, quienes rememorando a los aztecas del año 1521 se apropian del sitio. Su vecino, la vieja escultura de Francisco Zarco, vive también batallas de noches tristes y amargas al leer en los diarios el actual destino de sus colegas profesionales. La esquina de la información puede refutarnos el dato.

La dama diplomática
9:42 Madre de las historias plurales que aloja anécdotas crueles, heroicas y colosales bien trazadas. Símbolo progresista, irónico y karmico. Lenguaje remade arquitectónico de la caricatura que somos como sociedad (shows de lunes a viernes de 8:00 a.m. a 9:30 p.m.). Todos se empujan hacia la salida del camión: tacón, huarache, tenis o bota; igualdad y democracia para todos sus pasos. Los caifanes son los primeros como en todo, los chingones. A veces es preferible caminar, pero las glorietas arremolinadas y bellas también son amenazantes como encantadoras de serpientes. La historia se sortea entre el azar de esquivar o encontrar a una persona en bicicleta, un peatón, un conductor o crearse un paso peatonal entre los enanos de hojas de las avenidas largas. Las figuras de bronce observan sin hacer nada. Colón es testigo de los encuentros accidentados y fortuitos de esa graciosa y cotidiana parodia que es la vida en Avenida Reforma. Él se posa como tantos testigos mudos en ese círculo infinito que acaba por no tener sentido. Perderse y encontrarse en hechos recurrentes. Los accidentes viales son apenas una de las muestras del gracioso ballet-colisión, del erróneo postulado de “la forma, sigue a la función”. Siempre he tenido miedo de que las glorietas sean una representación simbólica del significado de locura.

Trazos “limpios, decentes e ilustres”, para una dama que sabe ser diplomática y accesible a las negociaciones. Esquemas y estilos de vida trazados en diferentes cuadrículas inmobiliarias que parecen infinitas con sus ángulos de contra picada. Reforma, tu espina dorsal y tus escotes se mueven seductoramente para todos los que te conocen. Tus hijos juegan en la escena del México de pestaña alta, o de maíz blanco bien sazonado: los barrios que se desprenden de ti suman casi veinte. Tú, elegante dama de avanzada edad, vistes de seda y perla de mañana; bebes café y té chai deslactosado venti por la tarde. Sorbes cerveza y te pones tacones altos de noche.

La reina hormiga cristaliza sus alas para los inversionistas y turistas extranjeros mientras arreglan su crinolina metálica; sabemos de la artritis húmeda de su edad. Presta sus banquetas para historias de amor, descanso y pequeños (muy pequeños) empresarios, algunos casi supervivientes. Otras veces es barricada, sitio para acampar, foro abierto a importantes (reales) negociaciones políticas; es también laguna, atelier y capilla urbana, donde a veces algún cansado caminante se detiene y regala una mirada profunda para la nada divina (ubicada frente al Monumento a la Revolución); sólo su Dios sabe qué cosas, qué confesiones le deja. Reforma escucha, es avenida de triunfos y derrotas de un millón de historias.

El uniforme de Magritte
18:20 Uniformes para caminatas ordenadas, makeup y colonias caras que conversan entre voces graves y regulares. Los rostros estirados de apretadas quijadas, sostienen la mirada al frente con pasos seguros y fuertes, recreando la sensación de una pasarela repetitiva al estilo del Golconda de Magritte.

La geometría colosal escapa a la gravedad y observo cómo el edificio flota entre las nubes. Gigante de espejos, nave de ilusiones hacia la grandeza del hombre y la mujer que buscan el éxito: despegar los pies de la tierra y ascender dentro del elevador como un cohete existencial nombrado Office Penthouse. Volar, pertenecer a otro sitio, estar en otra posición muy por encima de quienes se conforman con reptar por el piso. Nos desvanecemos fugazmente en el aire de la grandeza, tratando de alcanzar el capitalismo al que ensoñamos pertenecer; construimos como si el tiempo fuera un elemento banal que jamás devorará el concreto y el granito de las soberbias estructuras.

Las arrugas, los poros abiertos, las várices y los encajes marchitos, esconden y engendran amantes de paredes que nunca irán a tocarse. Encuentros entre grietas, rincones y pavimento que gritan efusiva y silenciosamente sus vidas en una ciudad en la que manifestarse o dejarse rendir es sinónimo. El gran número en rojo ubicado entre Reforma y Bucareli, lo repite todos los días.

Islas, bancas de amor y odio; territorio fraterno para quienes se toman las manos y el corazón de seis colores; besan sus labios sin temor a ser escupidos. No hacen falta banderas de paz o guerra en un territorio del que se apropian buenos y malos, negros y blancos, camisas bien almidonadas y colonias baratas, conquistadores y conquistados. Una galería de crítica social sin protocolos. Apropiación, territorio, comunidad trazando las rutas, las cartas de navegación cotidiana. Se elaboran mapas individuales y sociales donde se anidan los refugios personales y las grandes instituciones sociales que son de todos y de nadie. Los muros como páginas de la realidad, configuran paso a paso los imaginarios, deseos y miedos entre los grafitis, el arte urbano y las manchas poéticas de las glamorosas melancolías de otras épocas de Reforma; de su nueva visión y de su ceguera.

20:00… Detrás de los espejos descansan entre pliegues aquellas callecitas llenas de encanto. Las otras historias que hacen a Reforma una gran e ilustre señora. Entre sus enaguas interiores, los sueños ocultos de las personas que se mudan a esos departamentos de época a cumplir sus viejas y nuevas vidas. Los ancianos que se colman en las tiendas a las once de la mañana para recordarle a este mundo que aún dan batalla (aunque sea por el precio de los víveres); los nuevos chilangos, los repatriados, los marchantes, los niños, los perros y los gatos que decoran con risas, ladridos y conversaciones íntimas los cafecitos, parques, restaurantes y bares.

Todos se van a dormir y dejan el territorio a las quimeras de la alegría. Los cirujanos-albañiles escupen sus piropos a las damas y a las que no creen que lo sean, así la democracia del entretenimiento. Vayamos al teatro.

Avenida Paseo de la Reforma se deconstruye entre sus venas hiper transitadas; las marchas, los granaderos y los políticos de alfombras rojas; los jóvenes que definen sus rutas, los viejos que reclaman el costo de la actualidad, los niños de la calle y sus Godínez remasterizados. La percepción vívida de la avenida, crea realidades multicolores. Se desarrollan dramas e historias de amor; atención e indiferencia.

Sigo mi camino y pienso que ya la conozco, como quien cree que conoce a ese pariente viejo con el que nunca se habla; como aquel compañero de trabajo que nos cansa y también nos hace reír todos los días. Imagino que todo esto es un circo, una tira de ciencia ficción en la que se juntan los tiempos. Tiendo nuevos hilos rojos todos los días; la bendigo y la maldigo con mis pies cansados, con la cartera llena, con mis memorias y mis deseos copados de tantas presencias, hastiados de tantos desconocidos. Camino sobre el teatro irónico donde los contrastes de vida se expresan en una avenida.

Mi querida Reforma, vivamos un día a la vez y después nos preocupamos por lo que no podemos comprar ni recordar. Respiro y me sumerjo nuevamente en mi rutina naranja y gris.

Imagen tomada de: http://mxcity.mx/2015/05/mira-la-increible-metamorfosis-de-paseo-de-la-reforma-fotos/#/0

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