¡FINGIÓ MORIR Y AHORA ACUSA A DOS GUARDIANES!

Dos policías auxiliares se preguntaron en un momento dado:
“¿Ahora, dónde tiramos el cadáver?”. Fué entonces cuando se presentó en el lugar un individuo de sobrero y mal encarnado, quien dijo a los uniformados: “Jefes, yo sé dónde tirarlo, pero antes van a ver cuánto trae…”

Encontraron en los bolsillos 106 pesos, pero en ese momento llegó un hombre furibundo y dijo: “¡Qué vamos a tirar ni qué nada! ¡Acompáñenme a la delegación, que allí vamos a arreglar este asunto!

Y el “muerto” se levantó ante los asombrados ojos de los guardianes y en compañía de su salvador, que era su padre, los remitió a la Quinta Delegación.

Roberto Puga Rivera, quien apenas podía hablar debido a una fuerte contusión en la columna vertebral, una contusión profunda de abdomen y probable fractura de cráneo, hizo el siguiente relato a las autoridades antes de ser hospitalizado.

A eso de las diez de la noche de anteayer se encontraba en una lonchería ubicada en la esquina de Lerdo y Manuel González. Llegaron dos individuos vestidos de civiles, quienes le exigieron que pagara las cervezas que ellos pretendían tomarse.

Como Roberto se negó los dos individuos abandonaron el local y regresaron más tarde uniformados de policías auxiliares, lo sacaron de la lonchería, lo llevaron a un lugar obscuro y comenzaron a golpearlo despiadadamente. Al darse cuenta Roberto de que no tenía ninguna defensa, decidió “hacerse el muerto”.

Fué entonces cuando los policías auxiliares Jacinto Ponce Andreu, placa 592, y Eleazar Jiménez Hernández, placa 998, se preguntaron: “¿Ahora, donde tiramos el cadáver?”.

Publicada el 26 de abril de 1965 en La Prensa.

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