SAÚL IBARGOYEN

Saúl Ambrosio Ibargoyen Islas, uruguayo de nacimiento y mexicano por adopción, vive en nuestro país desde 1976. A lo largo de sus ochenta y cuatro años de vida ha incursionado en todos los géneros literarios, pero es la poesía donde más obra ha producido, pues cincuenta y seis de sus setenta y dos libros son poemarios. Sin embargo, recientemente publicó la novela Llorar pa´delante.

El asunto y traza de la novela, dijo Ibargoyen, es: “el origen de esta novela parte de un cierto lugar real en la frontera norte de Uruguay. Ahí se formó una mezcla lingüística de español y portugués que se llama ‘portuñol’; conocí los pormenores de la vida ahí que, como en toda frontera tiene sus atractivos; la gente fronteriza tiene una mentalidad particular, uno no sabe bien a bien lo que están pensando, se parecen a mis compatriotas mexicanos en esa manera indecisa de decir las cosas de una manera indirecta. La frontera fue una zona muy violenta, ahí la primera industria fue el contrabando. Lo que a mí me interesó de esa frontera desde el punto de vista lingüístico fue la oportunidad de trabajar con esa sustancia que se va formando con el habla. El portuñol no tiene gramática, si a uno le falta una palabra en un idioma usa la del otro, entonces se da el fenómeno llamado disglosia, según la lingüística. Lo que interesaría más que nada en “Toda la tierra” es el uso del portuñol como como una lengua literaria”.

La novela está organizada y estructurada a la manera clásica, siguiendo el ejemplo de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, pues en cada capítulo se avisa al lector de que trata lo que va a leer.
Ibargoyen nos contó que su novela habla también del desencanto de los movimientos sociales: “Ejemplo obvio, la Revolución Francesa en la que triunfa la burguesía sobre la aristocracia, esgrimiendo todo su imaginario de libertad —que no duraría demasiado— para dejar toda su palabrería navegado en libros de historia o en los aires eléctricos de la mass media”.

Malamente a Ibargoyen se le ha querido encasillar en Uruguay como un escritor ‘de la generación de la guerrilla’, nada está más equivocado y alejado de la realidad, porque Ibargoyen, lector voraz de la epopeya de Gilgamesh, es un escritor metafísico, espiritual, en búsqueda de la paz colectiva y personal a través de la filosofía sufí, además de un soñador incorregible que busca a la amada a la manera de los cantares árabes. Motivos que no lo alejan de una gran verdad, su férrea oposición a cualquier tipo de dictadura. También es la feroz crítica a las traiciones que no fueron pocas en la guerrilla y que como latinoamericanos sabemos mucho de eso, pero ya no queremos comprometernos. La autoconciencia ha sustituido a la conciencia de clase, pero Ibargoyen nada sabe de eso, libre de cualquier vanidad. Su novela no pretende moralizar, sólo replantea el trago amargo para los ilusos y una piedra en zapato para los capitalistas. Un caldo literario delicioso. El umbral de la esperanza tiene algo definitivo.

La novela de Ibargoyen está referida a un país determinado, en un tiempo delimitado y él fue testigo, allá en su otra nación, Uruguay, donde en 1972 ocurrió un golpe de Estado “y no fueron las fuerzas conservadoras quienes derrotaron a la guerrilla, ésta fue vencida unos meses antes por su propia descomposición interior y contradicciones, entre ellas la falta de convicción ideológica. No pretendo hacer historia, no soy historiado, soy escritor y lo que hice no fue sino a historia de ficción en un tiempo determinado en circunstancias determinadas”.

Ibargoyen, quien no cree en la inspiración sino en el impulso creativo ‘que se resuelve escribiendo’, consideró interesante hacer un paralelo con las incongruencias de los movimientos guerrilleros, en los que se “matan entre ellos; la guerrilla no volverá a aparecer jamás”.

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  1. ALUNECER
    Oct 21, 2014 - 05:12 PM

    Gracias.

    Responder

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